La empatía en tiempos de pandemia

Ariana Lee
Ariana Lee

Siempre tiene la palabra oportuna

Tengo que decir que, cuando comenzó esta pandemia, digna de un premio Oscar a la mejor película de ficción, terror, guion,… sentí miedo, ese miedo a lo desconocido. No me ayudó el estar conviviendo con personas que, lejos de informarse sobre la evolución o documentarse sobre lo que estábamos viviendo y estaba por venir, preferían sentir ese miedo y no superarlo, no sobreponerse.

Vivimos muchas situaciones inesperadas, imposibles de imaginar en nuestro siglo, pero también, vimos cómo una pandemia era capaz de unirnos un poco más. Se habló sobre si era un aviso de la Naturaleza, que empezaba a mejorar al estar el ser humano ausente, o si era el comienzo de una guerra química, hubo varias teorías, pero lo que nos importaba realmente era encontrar una solución a esto tan horrible que, en mi caso, me ha quitado a varias personas queridas de mi vida. Yo, personalmente me vi muy afectada, tuve una operación en plena pandemia, tuve que ser el apoyo de otras personas, tuve que pasar por infidelidades, y todo ello intentando siempre no descuidar algo que me mantiene positiva diariamente: ayudar. Al principio, no salía a aplaudir a la hora determinada, pensaba que eso no ayudaba cuando lo principal era solucionar la escasez de material médico y de sitios habilitados para la avalancha de enfermos y muertos. Un día, hablando con un familiar médico, le pregunté si para ellos era importante ese aplauso, o por el contrario, lo veían como un acto de hipocresía, con rabia, por exponerse sin recursos al maldito virus y viendo cómo muchos de sus compañeros se habían ido cumpliendo con su deber. Ella me dijo que ese aplauso les hacía tener fuerza y que se sentían menos aislados y más cercanos a nosotros, por ejemplo, a sus padres, a los que hacía meses que no veía. Cuando oigo los aplausos, oigo a mi madre, me dijo. Desde aquel día, salí todos los días a aplaudir, nada de música, ni himnos, ni historias, esto no lo necesitaban, necesitaban nuestros sonido personal.

Desde casa, me fueron informando por teléfono de los amigos que morían, de los que estaban ingresados. Hubo una cercanía entre personas con las que hacía muchísimo tiempo que no tenía contacto. Cuando la situación empezó a mejorar, todos nos sonreíamos con la mirada, con una sensación de alivio al ver que seguíamos bien. Nos preguntábamos cómo estábamos y cómo estaba nuestra familia. Todos pensábamos que esta pandemia nos había unido, que la habíamos pasado juntos y que eso creaba vínculo. Si ponías cualquier canal de televisión, veías cómo los vecinos se ayudaban, cómo hacían la compra para personas dependientes, en mi ciudad se creó una red de ayuda para personas con dificultades económicas, en fin, todo el mundo se movilizó de una forma u otra.

yellow and red flower bouquet

Yo, que solo creo en mis animales, me sentía escéptica, no me preguntéis por qué, pero he trabajado y conocido a muchas personas a lo largo de mi vida y mi psicología urbana adquirida unida a mi intuición, me hacen pensar así.

Bien, más de un año después del comienzo de este desastre, he comprobado que tenía razón. Yo me pregunto ahora dónde están esas personas que siempre decían que si necesitabas algo, ahí estaban. ¿Dónde están aquellos que aplaudían juntos y lloraban ante aquella situación tan horrenda? ¿Dónde están?

LLegamos a ver algún ramalazo de bondad en gente que es impensable que la tengan.

Vimos cómo traían la compra a alguna persona enferma.

Bien, si hay algo bueno y malo en el ser humano, es el poder de adaptación, al medio y a las situaciones, y este es un ejemplo de ello. Después de la nube de solidaridad y bondad en la que vivimos durante unos meses, el avión aterrizó y volvimos a ser viajeros de la vida, de lo cotidiano y de aquello que dejamos en puntos suspendidos durante nuestro confinamiento. Viajeros que van cada uno por su cuenta, a diferentes terminales, empujando si hace falta y no pidiendo perdón, o volviendo la cabeza a mirar con cara de asco porque estás en su camino. 

No hemos aprendido, señoras y señores. Muchos me leerán y dirán que me equivoco, que esto no es así, yo hablo de mi percepción y de la de mucha gente con la que converso sobre esto, hablo sobre los hechos que veo en televisión o que leo por rrss. Yo, personalmente, sigo teniendo a mi gente incondicional, que sigue siendo la que tenía pre-pandemia, y los ¨nuevos¨ que aparecieron, desaparecieron. No necesito más, también es cierto. Pero el ser humano no cambia, cambian las circunstancias y él se adapta, vuelven a cambiar las circunstancias y se vuelve a adaptar. Es un falso tiempo de buenismo el que hemos vivido. 

Yo, por mi parte, sigo igual, ayudando como puedo, apoyando como puedo y estando ahí para los que siempre están. La pandemia me ha cambiado, sí, me ha hecho abrir más aún los ojos y la perspectiva. 


Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

SIN PIRULETAS

La "Dolce Vita", en mi blog

Car_Carrie

Blog de Viajes, Pasiones & Sentires

A %d blogueros les gusta esto: