Polvo de hadas (mención especial I Premio Somnia)

Queridos amigos y lectores de Somnia:

Como os decíamos el domingo, vamos a ir publicando poco a poco los relatos más destacados del I Premio Somnia de relato breve. Entre las menciones especiales, que fueron tres, tenemos el relato corto titulado Polvo de hadas, escrito por Andrés Castellanos, que os dejamos a continuación, para que podáis leerlo. Espero que os guste.


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Ella siempre quiso ocupar portadas de periódicos. Encontrar su nombre recubierto del brillo de la fama. Tuvo la certeza de que, tarde o temprano, haría cosas importantes. Trabajaría en medio de un desierto de dudas y miradas  gélidas para hacerse un hueco en el mundo laboral. Y cuando todos la dieran por  olvidada y alienada, atacaría de nuevo con más furia que nunca. Su gran golpe. El trampolín que la impulsaría por encima de la niebla y los muros recubiertos de  espinas. 

Él la quiso desde el momento en que la vio. Le colmaba de felicidad su sonrisa, su ilusión, el brillo que desprendían sus ojos. Siempre supo que ocuparía portadas de periódicos, porque estaba hecha para sobresalir. Se le engrandecía  el corazón cada vez que pasaba tiempo a su lado y, por un instante, olvidaba el  dolor que arrastraba su pasado. Las nubes parecían disiparse y entendía que con  ella siempre debía alzarse el sol. 

Y así, el cuento de redención continuó avanzando, recubierto de un polvo de hadas carcomido que aún mantenía el olor a miel. El oleaje que les rodeaba, invisible a sus oídos, parecía engrandecerse en algunos momentos de duda, cuando el temor y la irracionalidad aparecían, como sombras lánguidas que se escapan de lápidas condenadas. Pero eran espejismos. Ilusiones. Pronto bajaba  la marea y todo volvía a su ser. 

Y ella aceptaba, asentía. Y lo besaba y acariciaba. Y él, como un cachorro  malherido, entendía que su destino estaba allí, en unos brazos amables que no se alzaban contra su rostro. Entre te quieros andaba el juego, con unos dados trucados que cada vez que rozaban con el pico de la mesa caían en seis. Las risas se hacían cada vez más estridentes, y las salidas nocturnas eran sustituidas por noches de intimidad donde no existía nada más que sus ojos. Porque no existe nada más

A ella le prometieron que el mundo era un campo de batalla que ofrecía  una carrera de fondo a quien fuera tan temerario como para retarle. A él le insistieron en que la maldad acechaba en cada esquina. Dos posturas tan contrarias como la lanzada y el brazo del gigante que se convierte en aspa del  molino por culpa de los hechiceros. 

Y entonces, un día cualquiera, en un momento cualquiera, el Miedo adopta  caras desconocidas y confunde los sentidos. Porque si te vas, me abandonarás. Porque no puedes hacerme eso. Porque eres mía. Y se alza como una sombra  que logra mayor claridad conforme más rápida es la bajada. Y al principio escuece, y se mezcla con la sorpresa. No te vayas. No volverá a pasar. Te quiero

Es en ese instante cuando una risa ronca parece recorrer sus oídos. Los de ella. Y se sabe atrapada. Sola. Incapaz de abrir la boca. ¿De qué serviría? ¿Y si  no es para tanto? ¿Y si no vuelve a ocurrir? ¿Y si es un desliz? ¿Y si…? 

La nieve lo recubre todo y ella la observa desde la ventana. Hace tiempo  que el tren dejó de llamar a los pasajeros y la vía quedó oxidada. Las dudas se  han convertido en brusquedad. El miedo, en tiranía. El poder parece estar anclado en un trozo de cuero alargado que quema cada vez que se le mira siquiera. Ha  aprendido que las palabras pueden provocar un frío mucho más mortal que el  acero. Solo yo te comprendo. Solo yo te protejo. Solo yo te quiero.  

La muralla fue traspasada por un caballo de madera que nunca llegó a  arder. Al menos, no frente a sus ojos. Y eso la condenó a vagar en una tierra  extraña, inhóspita. Y ya solo se sienta frente al fuego a recordar que toda la vida es sueño. Y los sueños, sueños son. Un final inevitable que llegará en cualquier  momento y ante el que ni siquiera puede gritar. Porque nadie la escucharía ya. 

Ella siempre quiso ocupar portadas de periódicos. Encontrar su nombre  recubierto del brillo de la fama. Tuvo la certeza de que, tarde o temprano, haría  cosas importantes. El día que lo logró fue también el día que se dio cuenta de que  no todos los cuentos de hadas tienen un final feliz. Y, ante el polvo de la nada, su  último pensamiento voló libre en un deseo susurrado ante la inmensidad del  firmamento. 

Ni una más. Ni una menos. 


¿Os ha gustado?

Esperamos que dejéis aquí un mensaje para el autor, y que compartáis esta publicación, para que obtenga su merecido reconocimiento. Las palabras bailan una danza extraña e hipnótica en este Polvo de hadas, tan mágico como su título.


El I Premio Somnia de relato breve se creó con la intención y el fin de promover la literatura entre los autores más desconocidos, y la lectura en internet.

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Publicado por Somnia

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