Comentando la Feria del Libro de Madrid

Somnianos queridos:

Ya hace unos días, en concreto el pasado viernes, subí unas fotos que me acababa de hacer en mi primera experiencia en la Feria del Libro de Madrid. Podéis verlas si consultáis las entradas subidas el viernes día 10.

Hoy quiero, con el alma reposada, ya pasados unos días, y antes de regresar el próximo miércoles 15, lanzaros algunas reflexiones, que no tienen por qué ser muy profundas ni muy acertadas, pero que son mías, por lo menos. Yo sí puedo decir que he estado en la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares de mi propio libro. Y desde dentro, la he vivido a mi manera. Aunque lógicamente cada uno cuenta la fiesta de una manera.

Lo primero que tengo que confesaros es que me impresionó la cantidad de gente que había, a pesar de la pandemia, las restricciones, las colas, etc. De hechos, estas llegaban hasta más allá de donde podía apreciarlo la vista. Fue una primera impresión muy potente. Se ve que es un evento realmente interesante para la gente, que las personas tienen ganas de leer, tienen ganas de conocer a sus autores favoritos. Vale la pena darse un viaje para estar allí simplemente una hora, porque uno se fortalece interiormente en sus convicciones: aún es posible apostar por la lectura, y como escritor, por la escritura. Hay toda una masa ingente de personas detrás, apoyándote, esperando encontrar un buen libro al que entregarse.

Lo segundo que tengo que confesaros es que, a pesar de la abundancia de visitas, es ciertamente impresionante que la mayor parte van buscando a sus autores favoritos. ¡Cómo no! Mientras yo estaba firmando en mi caseta 306, de Célebre Editorial, los altavoces de la feria anunciaban a Juan Goméz-Jurado, autor de la trilogía de Reina roja, muy conocido en España, escritor sin duda favorito del pueblo. Y por allí estaba también Julia Navarro, otra autora conocidísima o más que el anterior. Lógicamente, estos autores concentraban casi toda la atención. Es justo, el público busca a sus héroes particulares, y se arremolina en torno a su presencia, cuando se hacen sentir. ¿Quién puede competir con las grandes figuras, sobre las que se vierte el foco de los medios de comunicación? Además, si están ahí, es porque se lo han merecido: sus obras han calado entre los lectores por muchas razones, y son apreciadas y celebradas en los círculos literarios. ¡Honra a ellos!

Lo tercero que tengo que deciros es que me llevé un sabor agridulce, porque, cuando se cumplió la hora de dejar mi puesto al siguiente compañero, entraba mucho más público al recinto. De alguna forma, la hora no me favoreció demasiado. Pero es así, y no me quejo. Alguien tiene que ocupar las peores horas. Si no hubiera sido yo, lo habría hecho otro compañero. No tengo derecho a creerme mejor que nadie.

Tengo que deciros algo más: las personas que pasaron por la caseta de Célebre Editorial fueron muy amables y consideradas. Nada que reprocharles. Sin embargo, escuché a una de ellas algo que me inquietó: «este autor no lo compro porque no lo conozco». Algo así vino a decirle la señora a su hija, hablando de un escritor de novela negra perteneciente a mi misma editorial. Y me inquietó y me desconcertó, porque, si no le das una oportunidad, nunca lo conocerás; y si no lo conoces, nunca lo leerás, con ese pensamiento. Es la pescadilla que se muerde la cola. Lógicamente, fue una excusa expresada así, sin pensar mucho. Pero, en el fondo, hay algo más: uno va a la Feria a ver a los autores que conoce por la Tv, o que ya tiene en casa, pero nos cuesta mucho arriesgarnos, nos cuesta mucho abrir las páginas de libros de autores que no son famosos o que no conocemos. ¿Por qué? Supongo que es sencillo: porque leer cuesta dinero. Nadie quiere desperdiciar su dinero en libros que no le gustan. Tenemos miedo de encontrarnos con una novela o un ensayo que nos hará arrepentirnos de haberlo pagado (y no precisamente barato). Y ante este miedo, comprensible, acabamos condenando al autor desconocido, a pesar de que con ello cerramos la puerta, lamentablemente, a la posibilidad de que se trate de un excelente escritor, de una joya de libro. Pero así es la vida.

La verdad es que la hora que me correspondía se me hizo corta. Doy las gracias desde aquí a todos los que se pasaron por el lugar y preguntaron por mi libro, a todos los que lo adquirieron, a todos los que me dedicaron siquiera unos segundos. Yo creo que se me iluminaba la cara cada vez que veía a alguien que se paraba un instante a contemplar nuestro catálogo, y ya no digamos cuando me permitía hablarle un poco sobre mi novela Canción Eterna. Gracias a todos ellos, porque fue una tarde que no olvidaré fácilmente. Gracias a Diego, gracias a Raúl, gracias a Marta, gracias a José Antonio, gracias a todos y cada uno de ellos, y a todos los demás. Todos hicisteis que fuera una jornada de pura fantasía.

Lo que más alegría e ilusión me produce es que volveré a estar allí, una vez más (¿quién sabe si la última, porque esta vida tiene recodos que no prevemos?), el próximo día 15 de septiembre, a las 20:00h. Esta vez sí, a una hora mucho más masiva, más entusiasta, como yo. ¡Os espero allí, amigos!

Publicado por Somnia

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