TE PERDONO

Queridos somnianos:

Ariana Lee vuelve hoy con un tema que le toca muy de lleno, y con el que nos abre su corazón. Os aseguro que se pueden decir muchas cosas, pero difícil decirlas tan claras como las dice ella.

Que lo disfrutéis.


Te perdono, no porque lo merezcas, sino porque yo lo necesito. Te perdono por un tema personal, por un tema de salud. Simplemente, odiarte me causa dolor y esto me enferma, no lo mereces, y es por ello que te perdono.

Cuando perdonamos, lo que en realidad hacemos es protegernos. Estamos quitando de nuestra vida una espina, una piedra, un grano, que nos está fastidiando. Por ello, recomiendo el beneficio de perdonar. 

Habrás visto casos extremos, casos mediáticos en los que, por ejemplo, la madre de una víctima, ha perdonado al asesino de su hija. Yo, que lo veo desde mi sofá, me asombro y pienso que esa señora está demasiado afectada por su situación y no sabe lo que hace. Hace unos días, hablando con alguien, lo entendí… He pasado por situaciones duras, como muchísima gente pasa, no soy la única, y veía y veo inviable el perdón. ¿Por qué? Porque según mi criterio, al perdonar, le estaba haciendo un favor a esa persona, pero no es así: el favor nos lo hacemos a nosotros mismos. 

El rencor no es bueno, enferma, causa impotencia (seguramente no tengas comunicación con esa persona y no puedas decirle claramente qué te causó ese daño que te hizo), causa acidez y enfermedad. Es por ello por lo que debemos perdonar, es una acción suprema de amor propio. Tendemos a olvidar, pero no a perdonar, y eso no es cierto. No olvidamos, esas cosas no se olvidan jamás, pero sí que podemos hacer algo por nosotros mismos y es recordarlas y revivirlas de una forma totalmente distinta a la que lo hacemos cuando nos encontramos llenos de enojo, rabia y frustración.

Ese perdón puede ser curativo, sí, aunque parezca una idiotez, una tontería o algo de locos, pero es así. En realidad, es un descanso para la mente, para el cuerpo. He aprendido a soltar y a ver lo que me ha pasado como mi etapa en el colegio, pasada, como mi primer trabajo, pasado, en definitiva, como un aprendizaje. Un aprendizaje, sí, del cual podemos incluso enseñar a los demás para ayudarles a gestionar sus problemas de otra forma y que entiendan que hay una manera distinta y menos dolorosa de pasar página.

Yo no olvido, ni he olvidado muchas cosas, pero estoy aprendiendo (porque el aprendizaje nunca termina y quien diga lo contrario, miente) a recordarlo distinto; ni siquiera espero el karma para esa gente, la vida ya se encarga de ello. Es algo que hicieron y que tuvieron y tienen su consecuencia, yo las sufrí y las gestioné, yo no soy la encargada de ajusticiarlo, ya lo harán por mí. Yo me dediqué a curar mis heridas, a esperar a que las agujas del reloj me las cosieran y a sacar el aprendizaje y la parte positiva de aquello que me pasó.

Yo perdono, no olvido, cierto, pero recuerdo las cosas de manera distinta. Y lo hago no por los demás, sino por mí, porque debo quererme y esto no me hace bien. En cierto modo, perdonas y te perdonas a ti mismo. El poder del perdón.

Publicado por Somnia

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