La eterna juventud de nuestra alma

<<Tenéis que saber que en todo hombre bueno está Dios totalmente. Hay un algo en el alma, donde vive Dios, y hay un algo en el alma por lo que el alma vive en Dios. Pero si el alma se aparta de ello y se vuelve a cosas exteriores, muere, y Dios muere para el alma. No por esto muere Dios, ciertamente, en sí mismo, y en sí mismo permanece igualmente vivo. Cuando el alma se separa del cuerpo, el cuerpo está muerto y el alma en sí misma permanece viva; del mismo modo puede también Dios estar muerto para el alma, pero permanecer vivo en sí mismo. Ahora, sabed, hay una fuerza en el alma que es más grande que el ancho cielo, el cual, sin embargo, es inabarcablemente grande, tan grande, que no se puede expresar, ¡y esa fuerza es mucho más grande aún! […]

El alma es tan joven como su primer origen, y la edad, con la que parece decaer, es solo por parte del cuerpo, a cuyos sentidos se aplica. Un maestro dice: «Si un anciano tuviera los ojos de un joven, vería tan bien como un joven». Yo estaba sentado ayer en un lugar y decía una palabra que suena de modo increíble; decía yo así: «Jerusalén está tan cerca de mi alma como el lugar donde estoy ahora». Sí, con toda seriedad, hasta lo que está a más de mil lenguas más allá de Jerusalén, también eso está tan cerca de mi alma como mi propio cuerpo; estoy tan cierto de ello como de que soy un hombre, y clérigos entendidos lo comprenderán fácilmente. Creedme, mi alma es tan joven como mi origen: ¡sí, es todavía mucho más joven! Y creedme, me parecería despreciable si mañana no fuera aún más joven que hoy.

El alma tiene dos fuerzas que no tienen nada que ver con el cuerpo y actúan por encima del tiempo: la razón y la voluntad. ¡Ah, si los ojos del alma estuvieran abiertos, de modo que la razón contemplara la verdad, creedme, el hombre sería capaz de de abandonar tan fácilmente todas las cosas como un guisante o una lenteja; sí, en mi alma, el mundo entero sería para un hombre semejante como una nada![…] Para aquel hombre que conoce realmente la verdad, no tiene el menor valor renunciar al mundo entero y hasta a sí mismo. ¡Oh, para el hombre que vive así, el mundo entero es en verdad demasiado propio!>>

(Maestro Eckehart, De la eterna juventud de nuestra alma)

Publicado por Somnia

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