Coplas a la muerte de su padre (Jorge Manrique)

Texto escrito por el poeta castellano Jorge Manrique (1440-1478)


1.- Recuerde el alma dormida avive el seso e despierte contemplando 

cómo se pasa la vida, 

cómo se viene la muerte tan callando, 

cuán presto se va el placer cómo, después de acordado, da dolor; 

cómo, a nuestro parecer , cualquiera tiempo pasado fue mejor.

2.- Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido e acabado, 

si juzgamos sabiamente, daremos lo non venido por pasado. 

Non se engañe nadi, no, pensando que ha de durar lo que espera 

más que duró lo que vio,  pues que todo ha de pasar por tal manera.

3.- Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir; 

allí van los señoríos 

derechos a se acabar 

e consumir; 

allí los ríos caudales, 

allí los otros medianos 

e más chicos; 

i llegados, son iguales 

los que viven por sus manos e los ricos.

4.- Dejo las invocaciones  de los famosos poetas 

y oradores;  

non curo de sus ficciones, que traen yerbas secretas sus sabores; 

a Aquél sólo me encomiendo,  Aquél sólo invoco yo 

de verdad, 

que en este mundo viviendo,  el mundo non conoció 

su deidad.

5.- Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; 

mas cumple tener buen tino  para andar esta jornada sin errar.  

Partimos cuando nascemos,  andamos mientras vivimos, y llegamos 

al tiempo que fenecemos; así que, cuando morimos,  descansamos.

6.- Este mundo bueno fue  si bien usásemos dél  como debemos,  

porque, según nuestra fe,  es para ganarse aquel  que atendemos. 

Aun aquel Fijo de Dios,  para sobirnos al cielo,  descendió 

a nascer acá entre nos,  y a vivir en este suelo do murió.

7.- Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos  y corremos, 

que en este mundo traidor , aun primero que muramos las perdemos; 

dellas deshace la edad, 

dellas casos desastrados que acaescen, 

dellas por su calidad, 

en los más altos estados  desfallescen.

8.- Decidme: la hermosura,  y gentil frescura y tez 

de la cara, 

la color e la blancura,  

cuando viene la vejez,  

¿cuál se para? 

Las mañas e ligereza 

e la fuerza corporal de juventud,  todo se torna graveza 

cuando llega al arrabal 

de senectud.

9.- Pues la sangre de los godos,  y el linaje e la nobleza 

tan crescida, 

¡por cuántas vías e modos  se pierde su gran alteza 

en esta vida! 

Unos, por poco valer, 

por cuán bajos e abatidos  que los tienen; 

otros que, por non tener , con oficios non debidos 

se mantienen.

10.- Los estados e riqueza,  que nos dejen a deshora  ¿quién lo duda? 

non les pidamos firmeza  pues que son de una señora  que se muda, 

que bienes son de Fortuna  que revuelve con su rueda  presurosa, 

la cual non puede ser una  ni estar estable ni queda  en una cosa.

11.- Pero digo que acompañen  e lleguen fasta la fuesa 

con su dueño, 

por eso non nos engañen,  pues se va la vida apriesa  como sueño. 

E los deleites de acá 

son, en que nos deleitamos,  temporales, 

e los tormentos de allá, 

que por ellos esperamos,  eternales.

12.- Los placeres e duIzores  desta vida trabajada 

que tenemos, 

non son sino corredores, e la muerte, la celada 

en que caemos. 

Non mirando a nuestro daño,  corremos a rienda suelta sin parar ; 

desque vemos el engaño e queremos dar la vuelta no hay lugar.

13.- Si fuese en nuestro poder hacer la cara hermosa  corporal, 

como podemos hacer 

el alma tan gloriosa,  

angelical, 

¡qué diligencia tan viva  toviéramos toda hora 

e tan presta, 

en componer la cativa,  dejándonos la señora  

descompuesta!

14.- Esos reyes poderosos  que vemos por escripturas  ya pasadas, 

con casos tristes, llorosos,  fueron sus buenas venturas  trastornadas ; 

así que no hay cosa fuerte, que a papas y emperadores  e perlados, 

así los trata la muerte  como a pobres pastores de ganados.

15.- Dejemos a los troyanos, que sus males non los vimos,  ni sus glorias; 

dejemos a los romanos,  aunque oímos e leímos sus hestorias, 

non curemos de saber 

lo de aquel siglo pasado  qué fué dello ; 

vengamos a lo de ayer,  que también es olvidado  como aquello.

16.- ¿Qué se hizo el rey don Joan?  Los Infantes de Aragón, 

¿qué se hicieron? 

¿Qué fué de tanto galán, 

qué de tanta invinción 

que trujeron? 

¿Fueron sino devaneos? 

¿Qué fueron sino verduras 

de las eras, 

las justas e los torneos, 

paramentos, bordaduras 

e cimeras?

17.- ¿Qué se hicieron las damas,  sus tocados e vestidos, 

sus olores? 

¿Qué se hicieron las llamas  de los fuegos encendidos, de amadores? 

¿Qué se hizo aquel trovar, las músicas acordadas 

que tañían? 

¿Qué se hizo aquel danzar,  aquellas ropas chapadas  que traían?

18.- Pues el otro, su heredero,  don Enrique, ¡qué poderes  alcanzaba! 

¡Cuán blando, cuán halaguero  el mundo en sus placeres se le daba! 

Mas verás cuán enemigo  cuán contrario, cuán cruel se le mostró 

habiéndole sido amigo,  ¡cuán poco duró con él 

lo que le dio!

19.- Las dádivas desmedidas,  los edificios reales  

llenos de oro, 

las vajillas tan fabridas; los enriques e reales 

del tesoro. 

los jaeces, los caballos  de sus gentes e atavíos  tan sobrados,  

¿dónde iremos a buscallos?  ¿Qué fueron sino rocíos de los prados?

20.- Pues su hermano el inocente que en su vida sucesor 

le ficieron, 

¡qué Corte tan excellente  tuvo e cuánto gran señor 

le siguieron! 

Mas, como fuese mortal,  

metióle la muerte luego 

en su fragua. 

¡Oh juicio divinal, 

cuando más ardía el fuego,  echaste agua!

21.- Pues aquel gran Condestable  maestre que conoscimos 

tan privado, 

non cumple que dél se hable,  mas sólo cómo lo vimos  

degollado. 

Sus infinitos tesoros, 

sus villas e sus lugares, 

su mandar, 

¿qué le fueron sino lloros? ¿qué fueron sino pesares 

al dejar?

22.- E los otros dos hermanos,  maestros tan prosperados  como reyes, 

que a los grandes e medianos,  trujieron tan sojuzgados 

a sus leyes; 

aquella prosperidad 

que en tan alto fue subida y ensalzada 

¿qué fue sino claridad 

que cuando más encendida fue amatada?

23.- Tantos duques excellentes,  tantos marqueses e condes e varones 

como vimos tan potentes, di, muerte, ¿do los escondes e traspones? 

E las sus claras hazañas  que hicieron en las guerras y en las paces, 

cuando tú, cruda, te ensañas,  con tu fuerza las atierras  e desfaces.

24.- Las huestes innumerables,  los pendones, estandartes e banderas, 

los castillos impugnables,  los muros e baluartes 

e barreras, 

la cava honda, chapada  o cualquier otro reparo,  

¿qué aprovecha? 

Cuando tú vienes airada  todo lo pasas de claro  

con tu flecha.

25.- Aquél de buenos abrigo,  amado por virtuoso 

de la gente, 

el maestre don Rodrigo 

Manrique, tanto famoso  e tan valiente;  

sus hechos grandes e claros non cumple que los alabe, pues los vieron,  

ni los quiero hacer caros  pues que el mundo todo sabe,  cuáles fueron.

26.- Amigo de sus amigos,  ¡qué señor para criados e parientes!  

¡Qué enemigo de enemigos! jQué maestro de esforzados  e valientes!  

¡Qué seso para discretos!  ¡Qué gracia para donosos!  ¡Qué razón! 

¡Qué benigno a los sujetos! ¡A los bravos e dañosos, qué león!

27.- En ventura, Octaviano, Julio César, en vencer e batallar; 

en la virtud, Africano; Aníbal, en el saber 

e trabajar; 

en la bondad, un Trajano; Tito, en liberalidad,  

con alegría,  

en su brazo, Aureliano; Marco Atilio, en la verdad  que prometía.

28.- Antonio Pío, en clemencia;  Marco Aurelio, en igualdad del semblante; 

Adriano, en elocuencia;  Teodosio, en humanidad e buen talante. 

Aurelio Alexandre fue 

en disciplina e rigor 

de la guerra; 

un Constantino, en la fe;  Camilo, en el grand amor de su tierra.

29.- Non dejó grandes tesoros. ni alcanzó muchas riquezas ni vajillas;  

mas fizo guerra a los moros,  ganando sus fortalezas e sus villas; 

y en las lides que venció,  cuántos moros e caballos se perdieron; 

y en este oficio ganó  

las rentas e los vasallos que le dieron.

30.- Pues en su honra y estado, en otros tiempos pasados, ¿cómo se hubo? 

Quedando desamparado, con hermanos e criados se sostuvo. 

Después que fechos famosos fizo en esta misma guerra que hacía, 

fizo tratos honrosos 

que le dieron más tierra 

que tenía.

31.- Estas sus viejas hestorias  que con su brazo pintó 

en joventud, 

con otras nuevas victorias  agora las renovó 

en senectud. 

Por su gran habilidad,  

por méritos e ancianía  

bien gastada, 

alcanzó la dignidad 

de la grand Caballería  

dell Espada.

32.- E sus villas e sus tierras  ocupadas de tiranos 

las halló; 

mas por cercos e por guerras e por fuerza de sus manos  las cobró. 

Pues nuestro rey natural si de las obras que obró  fue servido, 

dígalo el de Portugal 

y en Castilla quien siguió  su partido.

33.- Después de puesta la vida  tantas veces por su ley 

al tablero; 

después de tan bien servida  la corona de su rey  

verdadero; 

después de tanta hazaña a que no pudo bastar  

cuenta cierta, 

en la su villa de Ocaña 

vino la muerte a llamar 

a su puerta,

34.- diciendo: -«Buen caballero,  dejad al mundo engañoso e su halago; 

vuestro corazón de acero  muestre su esfuerzo famoso en este trago; 

e pues de vida y salud  

fecisteis tan poca cuenta por la fama, 

esfuércese la virtud 

para sufrir esta afrenta 

que vos llama.

35.- No se os haga tan amarga la batalla temerosa  

que esperáis, 

pues otra vida más larga. de la fama gloriosa 

acá dejáis. 

Aunque esta vida de honor tampoco no es eternal 

ni verdadera, 

mas con todo es muy mejor  que la otra temporal  

perecedera.

36.- El vivir que es perdurable  non se gana con estados  mundanales, 

ni con vida delectable  

donde moran los pecados infernales; 

mas los buenos religiosos gánanlo con oraciones 

e con lloros; 

los caballeros famosos, con trabajos e aflictiones contra moros.

37.- E pues vos, claro varón,  tanta sangre derramaste  de paganos, 

esperad el galardón 

que en este mundo ganaste  por las manos; 

e con esta confianza 

e con la fe tan entera 

que tenéis, 

partid con buena esperanza,  que estotra vida tercera ganareis.»

/Responde Don Rodrigo/ 

38.- «Non tengamos tiempo ya  en esta vida mesquina 

por tal modo, 

que mi voluntad está 

conforme con la divina 

para todo; 

e consiento en mi morir  con voluntad placentera. clara e pura, 

que querer hombre vivir  cuando Dios quiere que muera  es locura.»

/D. Rodrigo se dirige a Cristo/ 

39.- «Tú, que, por nuestra maldad,  tomaste forma servil 

e bajo nombre; 

Tú, que a tu divinidad  

juntaste cosa tan vil 

como es el hombre ; 

Tú, que tan grandes tormentos sofriste sin resistencia 

en tu persona, 

non por mis merecimientos,  mas por tu sola clemencia 

me perdona.»

/Final/ 

40.- Así, con tal entender, todos sentidos humanos conservados, 

cercado de su mujer 

y de sus hijos e hermanos e criados, 

dio el alma a quien se la dio -el Cual la dio en el cielo, en su gloria-, 

que aunque la vida perdió, dejónos harto consuelo su memoria.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

SIN PIRULETAS

La "Dolce Vita", en mi blog

Car_Carrie

Blog de Viajes, Pasiones & Sentires

A %d blogueros les gusta esto: