Días de cumpleaños

Queridos somnianos:

El pasado sábado cumplí algo más de cuatro décadas de vida. Soy consciente de que debería sentirme afortunado por llegar a esta cifra, pues no hay más mirar alrededor para comprobar cómo muchos seres humanos no logran alcanzar este hito, sus vidas truncadas antes de nacer, al poco de ver la luz o en una edad temprana. Anteayer vi una noticia que decía que tres jovencitos, que rondarían los veinte años, habían muerto en un accidente de tráfico. Y no es necesario traer más esquelas de este tipo, porque es una experiencia universal haber oído, incluso visto, desastres tan inolvidables como este.

Quien esto escribe ha paseado ya por la superficie de este planeta más que muchos otros millones de personas, miles de millones quizás, a lo largo de la historia. Más que muchos personajes que dejaron su nombre escrito con letras de otro, o de sangre, en la memoria de los pueblos. Sin embargo, ¿qué he hecho con estas cuatro décadas de vida?

Evidentemente, mucho menos de lo que me gustaría.

Pero no estoy aquí para psicoanalizarme y mostrar mis frustraciones vitales, sino para celebrar la ocasión. He aprendido, a lo largo de mi vida, que es mucho más satisfactorio y útil tratar de ver el lado bueno de las cosas, y comprender que la vida tiene limitaciones, muchas veces unas limitaciones mayores de lo que creemos; porque nuestros sueños vuelan por el firmamento, pero nuestros pies se aferran al suelo y le tienen pavor a las alturas. No obstante, el papel del ser humano a veces es demasiado grandilocuente: no nacemos para construirnos una realidad a nuestra medida, ni para figurar en los libros de historia, sino para amar y ser amados. Y yo he amado y he sido amado, mucho más de lo que podría describir. De modo que mis cuatro décadas y pico no han sido la génesis de una balada deprimente, sino el decorado de un ser que buscó a otros seres y los encontró, y que tuvo caídas y que se volvió a levantar, y que halló en su caminar vacilante el rostro del Amor que no es amado, y lo tocó con sus manos, y aprendió que no es digno y que, sin embargo, ha recibido más de lo que pudiera haber merecido jamás. Pero no se trata de merecer o no, a pesar de todo, sino de recibir con alegría, de sonreír ante la vida diaria, con sus carencias y sus desastres, pequeños o grandes, y de dejar atrás el camino andado sin perder el rumbo del horizonte soñado.

Vivir es la aventura más compleja, excitante, divertida y horripilante que se pueda experimentar. Vivir de verdad, con la cabeza alta, las manos abiertas, el corazón sensible, los ojos curiosos, la mente activa, el alma oyente. Vivir sin excusas, pero también sin cargas. Vivir sin miedos, pero también sin espejismos. Vivir, cada día, cada mes, cada año, sin importar cuántos acumulas. No puedes cambiar el pasado, pero puedes aprender de él. No puedes hacer nada con lo que hiciste, pero puedes hacer actos mejores a partir de ahora. Es hora de mirar al frente.

Doy gracias a Dios. Él es el dueño de mi destino. Él es el único al que tengo que dar respuesta. Solo Él conoce el día y la hora en que mi camino se acabará y seré llamado a dar cuenta de mis actos y de mi vida. Le doy gracias por su amor, infinito incluso en medio de la desgracia, incluso ante la presencia de la muerte, porque nada teme la Vida ante la Muerte, ni el Viviente ante el Tránsito. Le doy gracias por los fracasos, que me hicieron más profundo y fuerte. Le doy gracias por el amor de los demás, que me llegó como una lluvia temprana que curó mis heridas y colmó mis reservas. Le doy gracias por el sol, la luz, el aire, la vida y el tiempo.

Y sigo adelante. Con los que amo. Ellos son parte de mí. Ellos son realmente mi vida. Un hombre que no ama no sabe lo que es vivir de verdad, porque no sabe lo que es tener una razón más poderosa que la muerte para vivir, y tener una razón más poderosa que la vida para morir.

Lo que más me gusta de los cumpleaños no es el día en sí, sino su preparación. Esos días de expectativa e ilusión. Es como saber que todo el mundo está preparándose para centrarse en ti y que tú mismo no puedes evitarlo, porque eres importante para ellos. Lo que más me apasiona de los mensajes, los besos y los abrazos, no es su contenido, sino ellos en sí mismos. Y las personas de las que vienen. No quiero regalos, porque las personas son los regalos. Cuando uno entiende esto, cada día es una fiesta; cada cumpleaños, un éxtasis. Que ellos estén ahí… ¡bufff! No puedo explicarlo. Me siento afortunado como ningún otro hombre. Mis hijos, mi esposa, mis padres, mi hermano, mis sobrinos, mi familia, mis amigos… me enfrentaría a la mismísima Muerte por ellos y la vencería, solo para permanecer eternamente unidos.

Todo esto no son simplemente los ingenuos deseos de un niño, sino los poderosos sentimientos de un hombre que sabe lo que es el dolor, pero también lo que es el amor; un hombre que está convencido de que solo comprendemos lo que significa cumplir años, y en definitiva, vivir, cuando ha visto el verdadero rostro del amor y lo palpado con sus manos, su espíritu y su corazón.

Publicado por Somnia

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