El escritor es tonto, esquilmemos al escritor

Queridos somnianos:

Difícil es la situación de la literatura hoy en día, y en parte es culpa nuestra, de los escritores, no solo porque publicamos demasiado (yo el primero), lo cual ha devaluado inevitablemente el valor social que se da al libro, sino también porque hemos caído y nos hemos dejado atrapar en las redes de muchos aprovechados que viven de nosotros y que no tienen ningún escrúpulo en sacarnos la sangre con la excusa de ayudarnos a realizar nuestro sueño de escribir un libro.

Vamos al tema. Imaginaos que queréis trabajar como camareros en un bar, y que salís a la calle a buscar trabajo, o que lo hacéis a través de las variadas aplicaciones de internet que existen hoy en día. Entonces, al abrir la aplicación, el sistema os pide que paguéis dinero para poder buscar empleo. Imaginaos que os extrañáis, pero que aun así, desesperados, pagáis lo que os pide el sistema con vuestra raquítica tarjeta de débito. Bueno, parece que el sistema hace su función y os encuentra una oferta de trabajo más o menos viable. Entonces os ponéis de acuerdo con el futuro empleador y concertáis una entrevista. ¡Cuál no será vuestra sorpresa al oír de su boca que para acceder al puesto de trabajo debéis pagarle vosotros a él, y que, ya si vendéis más de cierto número de cafés y cervezas, empezaréis a cobrar algo! Con mucha tristeza y decepción, os levantáis y os vais.

¿Cómo os quedaríais si os sucede algo así? Parece una locura, algo imposible, una quimera absurda, ¿verdad? ¡Pues no! Es exactamente lo que está pasando en el mundo literario hoy en día. Ese chico que busca trabajo como camarero eres tú, que sueñas con escribir y publicar un libro. Vas con toda tu ilusión, una vez terminado tu manuscrito, en busca de esa oportunidad que esperas encontrar en las redes sociales, en las páginas web, en las editoriales o agencias literarias. Entonces te encuentras, ¡oh sorpresa!, con que el agente literario, que hace las veces de aplicación de búsqueda de empleo, te pide que pagues una buena cantidad de iguala, para que te obtenga para ti una editorial y unos medios de promoción. ¡Pero si eres tú quien aporta la materia prima y quien ha puesto el trabajo! ¿No deberían ser ellos los que te pagaran para que estuvieras con ellos y no con otros? ¿No deberían ser ellos los que soportaran el riesgo, y no tú? Al fin y al cabo, ellos no han hecho nada: tú les das la obra y les ofreces tu imagen. ¿Ellos que hacen? Dicen que te darán promoción. Pero ¿esto no debería ser su parte en la ecuación de riesgo empresarial? Si tú les pagas por su trabajo, ¿qué interés pueden tener en que triunfes, si lo hagas o no ellos ganan igual? La petición te amilana un poco, pero luego piensas que quizás tiene que ser así, y accedes a regañadientes a pagarles, aunque sea el primer mes.

Pero entonces viene la segunda hostia en toda la cara. El agente literario te pone en contacto con una editorial, esta lee tu obra y te hace una propuesta. Resulta que van a publicar tu obra, pero solo si pagas parte de la edición, o si consigues un compromiso de reservas de cierto número de ejemplares, o si te obligas a comprarlos tú… alguna fórmula parecida. Además, ellos se llevan la mayor parte del pastel: nada más y nada menos que un treinta por ciento del precio. Para el autor es solo el diez por ciento. El resto, para otros que no hacen nada: mayoristas y libreros. Entonces sientes que todas tus ilusiones se derrumban. Te dices: «o sea, que aquí el negocio consiste en vender libros. Yo pongo el libro. Pongo lo más importante. Pero soy el que menos se lleva, y encima tengo que tragar con condiciones leoninas. El resto solo ponen la mano y se llevan la tajada, por hacer de mediadores».

Si eres tan tonto como yo, firmarás el contrato. Esperarás meses, años incluso, para que te paguen algo, si es que te pagan. Y te quedará cara de tonto al comprobar que ni hacen promoción de tus libros, ni se esfuerzas en que se conozca adecuadamente, ni mueven para nada tu imagen ni tu nombre… mientras tanto, son dueños y señores de tu obra, y pueden hacer lo que quieran, porque has firmado un contrato fiándote de que ellos sabían lo que hacían e iban a lanzarte al público y a darte alas. ¿Y todo para qué? Para sentirte cada vez peor y menos valorado.

Si eres listo, no firmarás nada, te levantarás y te largarás. Y no dejarás que te esquilmen con tu propio trabajo.

El escritor es el único artista del que se aprovechan sistemáticamente todos los intervinientes, el que menos recibe por su trabajo, y el que menos apreciado es en general. Y todo por su propia culpa, porque si todos los escritores se negaran a ser víctimas de estos abusos, ya no sucederían más; y todos esos chupópteros tendrían que correr con el rabo entre las patas y largarse a succionar la sangre a otros, si es que pueden.

¡Escritores del mundo, despertad!

Es necesario que surjan ya organizaciones de escritores que se ayuden unos a otros y prescindan de todos estos señoritos que viven a su costa, que se auxilien en todo lo necesario: corrección, maquetación, edición, promoción y venta. Es necesario cambiar ya las estructuras de este sector, que está colonizado desde hace demasiado por intermediarios que entorpecen el camino de los artistas y que devalúan su recompensa merecida, promoviendo un número excesivo de escritores, porque ellos no viven de las ventas de libros realmente, sino de lo que les cobran a los escritores para poder publicar.

Es necesario también que se rescate y resucite a gran escala el fenómeno del mecenazgo. ¡Qué necesitado está el buen escritor de verdaderos mecenas! Un mecenas de verdad puede salvar la obra de un buen escritor y acabar con los abusos de los intermediarios, siempre mentirosos, siempre interesados, siempre parásitos.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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