La cola del banco

Estoy en la cola del banco. No diré su nombre. Pero voy a comprobar cuánto puedo escribir en el móvil hasta que me toque, porque hay al menos seis clientes por delante y tan solo una persona para atenderlos.

Ahora pienso que quizás cuando me llegue el turno ya no me atiendan, porque ya sabéis que las cajas de los bancos ahora tienen un horario estricto. ¿Os imagináis?

Yo ya no suelo venir al banco. Lo suelo hacer todo por internet. Pero cuando no tengo más remedio es un suplicio. Es como esperar en el purgatorio a que te llegue la hora de subir al cielo. Aun peor: es como estar en la cárcel a la espera de juicio.

Y la cola sigue sin avanzar. El teléfono suena y suena. La puerta se abre y se cierra. La gente acude al cajero. Uno, dos, tres… Otros se colocan detrás de mí. Se remueven, inquieta. Murmuran. Es normal, hasta yo resoplo de vez en cuando. Los empleados que se sientan en las mesas conversan con otros clientes, pero dos mesas están vacías. El director no está. Tengo delante un matrimonio mayor que está visiblemente enfadado.

Yo con mis papeles en la mano. Me duelen las piernas de estar de pie. Esto no avanza. Nada. Sigue habiendo seis clientes por delante.

Por fin se mueve. Una pareja termina y se va. Miran la libreta con atención. ¿Quién tiene libreta hoy en día? Habiendo móviles, ordenadores, correo electrónico, aplicaciones… La libreta parece algo de otro tiempo, pero sigue existiendo.

Me duele el cuello. Llevo así muchos meses. Es una tortura. No salgo de esta espiral de dolor. Mis músculos están dañados. Es por culpa de las horas que paso frente al ordenador, y del estrés. Pero nadie me ofrece una solución. Pastillas de ibuprofeno, calor y estiramientos. Pero no sirve de nada. Son alivios. Pero no me curan. El problema sigue ahí.

La cola avanza un poco más. Se va otro cliente. Viene un empleado más para las mesas. El matrimonio anciano se sienta con él. Por fin doy más de un paso seguido. Ya solo me quedan dos clientes por delante.

Todo el mundo parece enfadado. Incluso yo lo estoy, aunque intento que no se me note. Al menos aquí no hace frío. La bufanda empieza a sobrarme.

La señora mayor que está siendo atendida también lleva libreta. Que se la pongan al corriente. Una banca de otro tiempo. Pero se va enseguida. ¡Así da gusto!

Parece que por fin me va a tocar. Solo tengo a una persona delante. Es como ver la luz al final del túnel. 25 minutos para recorrer diez metros. Hágase.

Os dejo.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

SIN PIRULETAS

La "Dolce Vita", en mi blog

Nuevo Liderazgo del Siglo XXI

El Nuevo Liderazgo del siglo XXI se basa en la empatía y la colaboración.

Car_Carrie

Blog de Viajes, Pasiones & Sentires

A %d blogueros les gusta esto: