Los signos de los tiempos (2)

Queridos somnianos:

Ya hemos hablado de esta cuestión antes en el blog. Pero lo hemos desde una perspectiva más preventiva, casi apocalíptica, en el más leve de los sentidos, como si pudiera existir un arte cualquiera que, valiéndose de unos instrumentos determinados, pudiera incidir sobre una materia y prever cómo se va a comportar en el futuro en función de las señales que emite en el presente. Damos por sentado que esas señales existen, y que se pueden conocer, aunque haya que estar dotado de ciertos dones o de ciertos conocimientos para hacerlo, aunque son legión quienes pretender poseerlos y vivir de ellos, que sin embargo se equivocan continuamente, sin que ello comporte su inmediato desprestigio a los ojos del vulgo.

Aquí vamos a hablar de otro tipo de signos: de aquellos que definen a una época; es decir, de los que, en competencia con otros, brillan más, son públicos y notorios y gozan del aplauso y favor del gran público, o al menos la apariencia de ello, porque veremos que hay mucho que decir sobre este tema. En definitiva, vamos a tratar de definir el presente. Y esto, queridos amigos, es mucho más difícil que prever el futuro, si bien creeréis lo contrario.

La magnitud de esta tarea es ingente, inconmensurable. Disculpadme, pues, si me dejo en el tintero miles de cosas. Pero prefiero ser polémico que invisible, y voy a ir a lo que a mí me preocupa. Empecemos por la literatura, que es de lo que trata este blog, al fin y al cabo.

Población mundial: 7.800.000.000 personas. Según datos aproximados de Google, se publican unos 2,2 millones de libros al año en todo el mundo. Es decir, tan solo un 0,03 por ciento de la población mundial escribe libros, o así sería si cada persona escribiera un libro. Pero sabemos que hay personas que escriben varios, por lo que ese porcentaje es todavía menor. Por ejemplo, yo mismo he publicado varios libros en este año 2021. Es decir, un escritor pertenece a la élite cultural de la humanidad, aunque evidentemente, dentro de los escritores, también hay distintos niveles o calidades. Pero sobre todo lo que esto pone de relieve es que, por mucho trabajo que se ha hecho en las últimas décadas para la extensión de la escritura y el avance en la cultura, queda mucho por hacer para que esa sea de verdad universal, y los seres humanos seamos capaces, con normalidad, de juntar más de cinco o seis frases seguidas con sentido y elegancia.

Pero, además, estos datos son más sangrantes si los comparamos con lo que arrastran las redes sociales. No solo en número de usuarios, sino en interacciones, y en tendencias. Aquí la marabunta puede arrollarnos con mucha facilidad. Es como si su invención hubiera supuesto para la humanidad en su conjunto una nueva era, y el ser humano hubiera hallado en ellas una especie de segunda naturaleza, una segunda vida cibernética que pudiera con facilidad solaparse e incluso sustituir a la real, a la física, en la que también habría clases, ricos y pobres, famosos y anónimos…

Los datos son abrumadores: se dice que Facebook tiene con seguridad más de 2000 millones de cuentas activas en el mundo. 1 por cada 4 personas existentes (aunque aquí también sucede que hay personas que tienen varias cuentas). Y esto solo Facebook. Hay otras redes cuyos datos son más difíciles de seguir, como Tik Tok, por su origen, al estar radicadas las empresas matrices en países con menos controles y transparencia, como China. En las redes de este tipo, sin duda, los reyes y las reinas son los y las jóvenes que posan con poca ropa, muestran bailecitos, o simplemente hacen reír a la gente; por supuesto, también los deportistas, los cantantes y los actores. Ni que decir tiene también el poder de las redes sociales destinadas al entretenimiento digital, como los videojuegos, que se transmiten normalmente por Youtube o Twitch. Todos conocemos el nombre de algún creador de contenido famoso en este sentido. En estos ámbitos, los escritores somos muy poco seguidos. No hay ni un solo escritor, ni siquiera de los ganadores de premios como el Nobel, entre las cincuenta figuras o instituciones más seguidas del mundo. Ni uno. A las redes sociales no les interesa la literatura. Es cierto que hay pequeñas cuentas que tienes miles de seguidores, pero no dejan de ser «cuentas de nicho». La literatura es como los escritores: un producto exclusivo de las élites, aunque esas élites acojan cada vez a más personas. Esta disparidad es prácticamente infinita, no es una simple cuestión de gustos de unas cuantas personas: Cristiano Ronaldo tiene 378 millones de seguidores en Instagram; Abdulrazak Gurnah, el último ganador de Nobel de Literatura, tiene 1073 seguidores. Hasta yo tengo más… ¡Qué triste! ¿Veis lo que digo?

El otro día hice una prueba: creé una cuenta que no tiene nada que ver con la de escritor en una plataforma: acumulo decenas de mensajes, miles de visitas, cientos de likes. Tengo también una cuenta como escritor: en ese mismo tiempo, no me ha escrito nadie, y los likes por publicación no pasan normalmente de diez o doce, y eso contando con los de la familia y los amigos más cercanos.

No creáis que el problema es solo mío: no es una cuestión de que yo guste más o menos (que influye, claro que sí, pero en menor incidencia de lo que se cree), sino que es algo más general, es uno de los signos de los tiempos de los que hablo: la tiranía de la imagen, los tiempos de la idolatría hacia la juventud, el deporte, la belleza y la riqueza, pero sobre todo la adicción al mundo informático de las redes sociales, que ha creado millones de esclavos que ya no saben vivir sin ellas y que le dedican todo su tiempo, su dinero y su esfuerzo. Un reino en el que, desgraciadamente, hasta la fecha no cabe algo tan libre y poderoso como la literatura. Mientras esta pretenda llegar al corazón de la gente y cambiarlo por dentro, y no solo posar como estúpidos en tanga, mover las caderas al ritmo de la última tendencia musical o aparentar la eterna belleza y la insuperable salud en las fotos; mientras siga siendo un reto para el lector, y le ofrezca nuevas visiones, apartadas de la vida cotidiana, no será nunca cosa de ese mismo vulgo fanático de los tatuajes del futbolista de turno o de las joyas del rapero de moda. La gente les envidia, quiere ser como ellos, disfrutar de su éxito, y la forma más accesible que tienen para acercarse a ellos son las redes sociales. Pero se engañan. Las redes sociales no existen. Son archivos guardados en servidores de una empresa en un lugar remoto. Si apagaran el interruptor, sus vidas se quedarían vacías, faltas de contenido y referencias. Eso es lo que vale la fama hoy en día. Es solo cuestión de electricidad.

Y mientras tanto, ¿qué pasa con la literatura? En mi opinión, no debe dejar de ser un reto para el lector. Si se vulgariza todavía más, entonces desaparecerá. Se volverá innecesaria. Precisamente porque se acabará pareciendo a las redes sociales: a solo un clic del apagado. Pero la literatura tiene que penetrar, tiene que horadar el cerebro, tiene que darle alas, tiene que mutarlo, y por supuesto tiene que embellecerlo. Ser mejor, ser más pura y más excelsa: eso es lo que debe hacer para sobrevivir a estos signos de los tiempos, a esta época de derrota y olvido, a esta invasión de otras poderosas atracciones para el alma humana, de esas drogas de diseño modernas que no consisten en pastillas o polvitos, sino en pantallas iluminadas que ponen el mundo entero a un like de distancia, pero que arrebatan su alma a todos y nos convierten cada vez más en seres clónicos, pobres de espíritu y quebradizos.

Otro días seguiremos meditando sobre esto…

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

SIN PIRULETAS

La "Dolce Vita", en mi blog

Car_Carrie

Blog de Viajes, Pasiones & Sentires

A %d blogueros les gusta esto: