En el Everest no cabe todo el mundo: Djokovic

Ya se sabe que no hay especie más confusa que los humanos. Lo que hoy es negro mañana es blanco, y quien hoy está arriba mañana está abajo. La rueda de la Fortuna gira y gira, haciendo que los poderosos se tumben unos a otros de sus pedestales de cristal. Pero también los hombres normales, los que sostienen todo, viven en una pesada, desesperante e incomprensible confusión.

¿Por qué el hombre no es capaz de seguir el camino de la verdad sin desviarse del mismo, una vez entrevista a lo lejos la luz de la salvación? ¿Por qué cambian de principios como de vestimenta diaria?

¿Por qué protestan y se revuelven una y otra vez contra lo que les han enseñado, y lo desechan, y se buscan nuevas oscuridades que colmen los recovecos más consientes de su juicio, hasta convertirlo en incapaz de diferenciar la verdad de la mentira, la utilidad de la ineptitud, la belleza de la deformidad, la bondad de la malicia?

Pongamos en contexto la epidemia del Covid: se calcula que han muerto más de 6 millones de personas en el mundo. Otros tantos han sufrido efectos secundarios. Es decir, una décima parte de los que murieron en una Primera Guerra Mundial. Es decir, más o menos los judíos que fueron exterminados en el Holocausto provocado por los nazis. Es decir, más los que habitantes del Imperio Romano que murieron por la Peste Antonina del siglo II d. C. Y así podríamos seguir…

¿Quién todavía no se ha enterado de que nos hallamos ante un hecho histórico que ha supuesto una mortandad elevada, que se ha llevado por delante a una cantidad de personas inmensa, y que ha puesto nuestra forma de vida al borde del precipicio? ¿Quién coño todavía no se ha enterado?

Pues parece que hay perdidos que todavía no han visto la muerte a los ojos.

Y se oponen a las vacunas, aduciendo que son peligrosas. También lo es su contrapartida: el virus. Hay que elegir. Y al elegir, no solo lo haces por ti, sino también por los demás. Esta es la clave de todo. Si eliges solo por ti, y no te importa poner en riesgo a los demás, eres culpable de esas muertes. Lo eres.

Luego está el tema jurídico, el de la igualdad. Algunos invocan una especie de rebeldía moral para no someterse a las mismas leyes que los demás, destruyendo con esto el fundamento de la democracia, que es precisamente lo que constituye su única justificación: quelas leyes son iguales para todos, precisamente porque nos las hemos dado entre todos, bien a través de la democracia directa, bien a través de representantes. Y si usted no está de acuerdo, tiene vías democráticas para oponerse y para proponer otras leyes: la más importante de todas, preséntese a las elecciones y convenza a los ciudadanos de su idea, haga que le voten y cambie las leyes.

Pero no, no se quieren cometer a las leyes que los demás, y tampoco quiere hacer política. Prefieren ser considerados mártires de la una supuesta salvación. No es que se opongan al poderío de los partidos políticos. Ellos no quieren hacer política (como si en democracia no fuera todo política), sino que quieren decidir cuándo se les aplican las leyes y cuándo no. Se sitúan de esta forma fuera de la legalidad por pura voluntad particular, se erigen en jueces y legisladores a la vez.

La cosa es más grave cuanto más conocido es el personaje que protagoniza la salida de pata de banco. Así ha sucedido con Djokovic, el famoso tenista, que siempre se ha caracterizado precisamente por tener cierto aire de rebelde. Esta semana, esa rebeldía ha tomado tintes mesiánicos, haciendo un alarde de estupidez, vanidad y desprecio por los demás que hemos visto pocas veces últimamente, al intentar entrar en Australia sin reunir los requisitos de vacunación, o falsificando documentos, vaya usted a saber.

Esto es intolerable. Cuanto mayor es el poder de convocatoria de una persona, mayor es su responsabilidad con el resto de los ciudadanos. Ejercerla para sembrar confusión, fomentar una rebeldía mal entendida, acrecentar las dudas sobre las vacunas (dudas que el tiempo demostrará estúpidas) y poner en tela de juicio las leyes democráticas debe tener castigo.

La democracia o se defiende o se pierde. No hay más. Y la libertad individual (pilar de la democracia) no puede ir en contra de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (otro pilar de la democracia).

Lo dicho, que en el Everest no cabe un tonto más.

Publicado por Somnia

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