Lo que nadie quiere ver

Queridos somnianos:

Espero que estéis todos bien.

Aquí me tenéis, otro ratito escribiendo con el corazón y hablando de cosas profundas. Si no os interesa escudriñar las salas sin ventanas de un corazón humano, podéis dejarlo aquí. Pasad a otra cosa, disfrutad de vuestro tiempo libre.

Mucha gente se preguntará por qué una persona como yo tiene necesidad de expresar con la palabra escrita lo que pasa por su mente, o por qué se empeña en escribir historias que quizás a nadie le importen. Es probable que no vean más que el hecho superficial de que soy un tipo con un blog en el que vierte alguna que otra confesión personal, y que ha publicado varios libros; además, esto de los libros suele ser contraproducente, porque inmediatamente quienes lo saben te juzgan pensando o diciendo: «Si no es famoso es que son una mierda de libros». Esta es la realidad.

Podría intentar explicaros por qué escribo, por qué lo hago todos los días y por qué sueño con dedicarme solo a ello. Podría, pero no quiero. Demasiado esfuerzo para poco rendimiento. No estoy seguro de que lograrais comprenderme del todo. Aquellos que sienten lo mismo que yo no necesitan explicaciones. Y quienes no lo sienten jamás lo entenderán, por mucho que se lo explique. Es una cuestión tan íntima, tan personal, tan intransferible, como tener una enfermedad.

Una enfermedad es un buen símil. La depresión. Pensad en la depresión. Mucha gente sigue creyendo que es una tontería, un mero estado de tristeza transitoria. Hay quienes estiman, incluso, que es una pura invención del paciente, una forma de intentar llamar la atención, una especie de locura temporal o un capricho infantil. Pues bien, veamos: por mucho que les expliquen los médicos que se trata de una enfermedad real, siguen sin aceptarlo, y lo que es peor, sin entenderla. Siguen encerrados en sus postulados, como si no fueran tan absurdos como aquello que pretenden definir, ya que la tristeza nunca es voluntaria, ni la tontería es transitoria, ni la invención es inocua.

La depresión. Labilidad. Sensibilidad. Me han intentado explicar mis propias emociones muchas veces. Dicen que soy PAS (persona altamente sensible). Dicen que soy creativo. Dicen muchas cosas. Pero no me entienden de verdad. Ninguno. Ni siquiera los que me leen. No quiero hacer de menos a nadie. Hay mucha gente que ha conocido cosas de mí. Pero conocerme a mí es otra cosa… Valga el juego de palabras. No sé cómo expresarlo mejor. Soy depresivo, lábil y sensible. Todo eso y más. Pero lo mío con la literatura es algo más profundo. Podéis intentar bucear en mis palabras, en mis frases, en mis libros, que seguramente no estarán a la altura de vuestros autores favoritos (tampoco de los míos). Pero ninguno ha buceado en mi corazón. Ni un solo lector me ha escrito para preguntarme qué sentía yo cuando escribía tal o cual libro, o tal o cual párrafo; o qué quería transmitir, o por qué lo hice. Por supuesto, mucho menos me han preguntado, simplemente, por qué escribo.

Escribo porque es lo que soy. Me fue dado. Me fue entregado como don. Posiblemente yo podría haberlo desarrollado más y mejor. Probablemente he dejado que mi don se pudra en parte. Pero escribo por eso. Se me otorgó esta vocación. Es un fuego que me quema. Es un grito que me arrolla. Es un puñal que se me clava. Quizás sea un don, pero es también una carga, incluso una condena. Sí, habéis leído bien: una condena. Y no es porque nadie vaya a condenarme, sino porque yo mismo me voy a salvar o condenar: yo me haré feliz o desgraciado, yo mismo, en función de que logre o no desarrollar a su máximo potencial este don.

No hace falta esperar a un futuro lejano para esto. Ya me siento desgraciado. Tengo 42 años. Y aún no he logrado triunfar como escritor, seguramente porque no he logrado escribir algo verdaderamente excelente, algo memorable. Y no tengo busto de Alejandro Magno frente al que llorar, como Julio César, pero sí tengo las fotografías de Verne, de Hugo o de Tolstoi. ¿Os estáis dando cuenta? Fijaos si soy desgraciado, que me hundo yo solito más en el abismo, al compararme con genios como estos, a los que no igualaría aunque naciera diez veces. Y, sin embargo, no puedo dejar de hacerlo, porque me lo pide este mismo don que comparto con ellos. Si ellos pudieron lograr tales maravillosas obras, ¿yo no podré? En tal caso, no soy digno de llamarme escritor. Es la pescadilla que se muerde la cola. El cuento de nunca acabar.

La depresión. Lo que nadie ve. El cansancio. El dolor. Los sueños. La frustración. La culpa.

Lo que nadie ve.

Pero está aquí, ¿sabéis? Corroyéndome el alma.

Es un gusano invisible que me está comiendo por dentro.

Y los demás pretenden que ande con una sonrisa y cumpla «mis obligaciones» como si nada de esto sucediera, como si quedara algo de mí con que pudiera llevar a cabo todo eso que me dicen, esas tareas vacías y huecas que los demás realizan, como ganado que ciegamente sigue al pastor o que huye del ladrido de los perros. Pero no puedo. No puedo. Es imposible para mí. Lo intento, pero no puedo. Solo consigo amargarme más, solo consigo bloquearme, obsesionarme y convertirme en un ser apagado, gastado, destruido. Y así llevo desde hace años.

Pero no lo quieren ver. Nadie lo quiere ver.

Yo era todo sueños.

Ahora soy todo pesadillas.

¿Por qué? No sé si vale la pena preguntárselo, pero necesito formularlo. Y no espero que nadie pueda contestarme, porque, sinceramente, no creo que nadie tenga la clave de esta pregunta. Me río de los que se las dan de maestros y van por la vida enseñando a los demás cómo triunfar. Son humo, puro humo. No valen nada. No tienen sustancia. Enseñan lo que no saben, hablan de lo que no entienden, pregonan lo que no controlan. Pero la realidad es esta: que yo tenía muchas ilusiones, muchos sueños, y que todas ellas se han convertido en polvo, mientras otros han logrado hallar en el barro unos diamantes que en mi caso no han sido más que eso: barro.

Mucho barro. Eso tengo en las manos.

Lo intenté, lo juro. Lo intenté. Lo di todo. Luché. Puse mi don a trabajar. Pero enseguida vi que no lograría nada. Eso se nota. Eso se huele. Eso se prevé. Por mucho que batalles, por mucho que te esfuerces, nada cambia: solo consigues darte cabezazos contra la pared, solo consigues hacerte daño.

¿De verdad creéis que yo merezco esta situación más que vosotros? ¡Lo lleváis crudo! Pérez-Reverte no merece su éxito más que yo. Ni Vargas Llosa merece el Nobel más que yo. Porque no es cuestión de méritos. Es cuestión de fama. Y la fama es caprichosa. Estos mismos autores, en otras épocas, aun escribiendo lo mismo, ni siquiera lograrían vender cien libros. Pero estamos en esta época. Me alegro por ellos. Lo demás es ciencia-ficción. Esta es la realidad. Una realidad que no me vela los ojos: sé que lo que digo es cierto. No merezco ser la última mierda, como muchos me consideran, o como muchos me han condenado, no voluntariamente, sino con su ignorancia y su indiferencia. Cada vez que pasas ante una de mis páginas sin lanzarte a darme una oportunidad, a comprar uno de mis libros, me dejas hundido en la basura. Y yo no me lo merezco. A ti te dará igual. Pero no soy peor que tú.

Y no me quejo, ¿sabes? Cada uno tenemos lo nuestro. Yo tengo esto. Tú tendrás otra cosa. ¿Quién soy yo para quejarme? Pero eso no impide que por dentro corra la sangre negra, un veneno de muerte que no desaparece, la más invisible oscuridad penetrando hasta las últimas células de mi alma. Lo que nadie quiere ver. Noches sin descansar. Días sin entender por qué estoy mal, por qué estoy insatisfecho y frustrado. Meses luchando por lograr algo que finalmente no sale. Viajes sin éxito. Esfuerzos sin premio. Demasiadas tardes de atardeceres tempranos.

Lo que nadie quiere ver. Una puta mierda con una sonrisa en la cara.

Hasta la vista, amigos. Otro día seguimos.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Televisión Española Gratis HD

Página para ver la televisión de España (española) gratis!! ✍︎𝐃𝐈𝐒𝐂𝐋𝐀𝐈𝐌𝐄𝐑 Este 𝘣𝘭𝘰𝘨 𝗡𝗢 ocupa NINGÚN canal de televisión propio, sino que se enlazan las páginas en las que se transmiten estos.

SIN PIRULETAS

La "Dolce Vita", en mi blog

A %d blogueros les gusta esto: