Putin el Terrible, Biden el cobarde

A estas alturas, Kiev ha sido ya asediada y puede que conquistada por las tropas rusas. Ucrania ha tardado un día en caer. Así de fácil se hacen las guerras en estos tiempos. Un país soberano, con más de 40 millones de habitantes, resiste lo que tarda en caer el sol. Toda una vida preparando un ejército, para que no sea capaz de resistir ni siquiera unas horas el empuje de los carros blindados y la aviación. Estamos en la era de las guerras sin hombres, de las guerras sin valor ni batallas. Y eso que todavía no ha aparecido el poder destructor de las grandes armas nucleares.

Putin ha cumplido su amenaza, ha pasado por encima de los tratados internacionales, de la paz, de las instituciones internacionales (que han vuelto a demostrar su incapacidad para hacer frente a las grandes crisis), y del clamor del mundo occidental. Y lo peor es que no ha encontrado oposición en su propio país, que parece anestesiado y apesebrado, convenientemente narcotizado para obedecer sin rechistar, como aquellos soldados nazis que mataban felices a los judíos en los campos de concentración sin pensar si era correcto o no.

Y detrás, China, sombra amenazante que, vista la debilidad de Europa y EE.UU., no tardará en cobrarse sus propias presas. El siglo XXI promete guerras futuras, rápidas, fulgurantes, y un nuevo estado de cosas, en el que muchos que renegaban del «imperio yanki» acabarán arrepintiéndose de la llegada de las nuevas hordas asiáticas. Siempre que en el mundo Asia ha exportado sus ejércitos invasores, ha caído sobre Europa una ola de negrura, millones han sufrido, y el progreso general del mundo ha sufrido un doloroso retroceso.

¿Qué ha hecho Europa? Nada. Amenazar. Hablar. Nada.

¿Qué ha hecho Estados Unidos? Nada. Amenazar. Sancionar. Nada.

Ucrania ya cayó. Su ejército ha demostrado ser una mierda. Sus hombres y mujeres, inocentes incapaces de hacer frente a la marea roja, como siempre pasa en las guerras. Putin ha vencido.

Rusia ha demostrado hoy que no se puede confiar en ella, que la Guerra Fría seguía muy caliente en su interior, que no es un socio fiable para nadie, y que lleva dentro el germen de la discordia y la guerra, como siempre fue. Rusia es la muerte helada. Rusia es la amenaza real de una nueva conflagración a tamaño mundial.

Hoy la democracia está un poco más muerta. Hoy la civilización europea está un poco más enterrada. Hoy hay menos que creen en la fuerza de las ideas de ilustración, apertura, colaboración y modernidad, y muchos más que han comprobado que todo ese discurso no es sino una pantomima que esconde una infinita flaqueza y una lamentable cobardía. Biden no es más que el reflejo de esta flaqueza y esta cobardía, el líder ideal para un tiempo de falta de liderazgo, el presidente oportuno para un tiempo de retirada.

¿Y España? Encerrada en sí misma. Inútil. Insignificante. Rendida. Egocéntrica. «No binaria», que diría el otro. Ni va ni viene. Ni hace ni deshace.

Putin el Terrible nos lleva hacia la destrucción.

Biden el cobarde acaba de permitir que se salga con la suya sin hacer nada.

Por cierto, Macron, el presidente francés, se cubrió de gloria. Como Chamberlain con Hitler. El tiempo ha pasado, pero los políticos europeos siguen siendo una pandilla de gallitos sin verdaderos huevos.

Publicado por Somnia

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