Me importa una mierda lo que pienses

Una de las cosas que más me hacen reír de las redes sociales es cómo la gente busca continuamente la aprobación de los demás, aunque lo nieguen. De hecho, la existencia misma de las redes sociales se fundamenta en esta incesante búsqueda de la afirmación personal sobre la base de la publicación indiscriminada de la propia personalidad. Algo así como una continua adolescencia virtual, acelerada y acentuada por los filtros, la edición, el photoshop y demás herramientas infográficas que permiten convertir a la más fea en un bombón. Entiéndase bien (que estamos en el reino de los ofendiditos): también vale con los feos, como yo.

La realidad es esta: todas y todos posan en sus camas mostrando a medias las vergüenzas, o enseñan el escote o los músculos, el culito con el bikini nuevo, siempre apretando los muslos o aguantando la respiración. Y los que no lo hacen usan las redes para hacer propaganda de sus ideologías o para intentar hacer carrera con sus aficiones. Pero la premisa de todo es que parece que fuera imprescindible que a los demás les importara una barbaridad lo que uno dice o vende. Habrá quien diga eso de que «no importa que nadie me lea o nadie me dé un like«, pero no es verdad, hacedme caso. Por un like son capaces de todo, de cualquier cosa. El like es el nuevo dios. Las estadísticas de visualizaciones, la nueva religión.

Pues te voy a decir una cosa: yo me he quitado Facebook porque estaba harto de que la gente me contactara, pero tenía demasiados mensajes sin leer, y me agobiaba (yo, que soy muy educado y me gusta responder a todo el mundo que pueda). Y ahora me queda Instagram, lo cual puede ser que pronto desaparezca, porque me aburre estar viendo fotos y vídeos de los demás mientras hacen el tonto, ponen chistes, promueven sus estúpidas ideas políticas o simplemente posan en bikini. Me aburre la vida de los demás, salvo que tengan una buena historia que contar. Eso sí me interesa: las buenas historias. Y creedme, no abundan tanto como la gente cree. Historias de verdad, historias únicas… hay muy pocas.

Pero es que tampoco me importa lo que los demás piensen de mí. Dicho en castellano puro, me importa una mierda tu opinión. Entiéndeme bien, me importan las personas que valen la pena. Si tú eres de esas personas, cojonudo. Si no, pues lo siento por ti. Pero tu opinión, lo que es tu opinión (no tú), no me importa nada. Yo seguiré haciendo lo que me dé la gana, escribiendo lo que me dé la gana y pensando lo que me dé la gana. Si te gusta lo que hago, perfecto. Y si no te gusta, pues también perfecto, porque no vivo de ti. Yo pago mis propios gastos. Con este blog no gano ni un euro. Ni pienso que lo llegue a ganar.

Soy un escritor cautivo de la soledad, y aferrado a la individualidad. Estoy hasta lo huevos de la sociedad que trata de imponerme mi éxito o mi fracaso. Y como estoy hasta los huevos, escribo lo que me apetece y como me apetece. Por esta razón seguiré escribiendo sobre Sueños bíblicos, o sobre épica fantástica. Puede que solo me lea yo. Pero eres tú el que pierde, no yo. Yo estoy muy feliz haciendo lo que hago, porque lo que me hace feliz es hacerlo, y no que tú me alabes.

Está dicho. Alguien tenía que decirlo.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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