Rusia nos está rompiendo el corazón

¿No sentís lo mismo? ¿No sentís que se está acabando una era, una época en la que ha habido flores y champán, sueños de progreso y mil preocupaciones cotidianas y absurdas, que va a ser sustituida por una nueva oscuridad? Creíamos que el fantasma de la guerra había sido vencido, que lo habíamos encerrado en una prisión de la que no podría escapar, como en Los Cazafantasmas. Creíamos que la confrontación este-oeste, occidente-comunismo, ya había sido superada. Pero de pronto, vemos que el monstruo nunca murió, sino que solo se escondió; que la bestia nunca desapareció, sino que solo se disfrazó para que no pudiéramos verla y nos relajáramos. Ahora muchas cosas empiezan a ser sospechosas, incluso nuestra propia situación empieza a ser sospechosa. ¿Hasta dónde se había infiltrado este monstruo, esta serpiente que ahora se nos muestra como león rugiente, en nuestra forma de vida, en nuestras mentalidades, incluso en nuestras estructuras políticas y económicas, con el objetivo de debilitarnos, de desgastarnos con luchas internas, de confundirnos con ideologías que arrasaran con nuestra seguridad, con nuestros principios? ¿Cuántos de nuestros compañeros eran, en realidad, títeres de esta sombra impía que maquinaba en la trastienda para conducirnos alegre y ciegamente hacia el abismo? ¡Ah el mal nunca duerme! Rusia nos ha partido el corazón, nos ha pinchado la burbuja, nos ha roto las expectativas, y nos ha hecho despertar. Sí, este ha sido su mayor error: se ha precipitado, ha creído que estábamos suficientemente adormilados, que no quedaba ya en nosotros nada de lo que un día fuimos, y se ha lanzado a la conquista antes de tiempo. Pero todavía queda fuerza para oponernos a su agresión, y razón para oponernos a su locura. Aunque intentará engañarnos una y mil veces más, y seguirá actuando en nuestras sociedades con esos largos tentáculos viscosos que mantienen los principios del comunismo dentro de nuestras sociedades libres (nada más contradictorio). Pero el monstruo se ha quitado la careta demasiado pronto. Ahora solo le queda el miedo, el miedo y la destrucción. Y nos llevará hasta el apocalipsis si es necesario para ponernos de rodillas, porque sabe que ya no hay marcha atrás: o nosotros o ellos. Así de triste es. No querríamos que fuera así. Nadie debería morir por la locura de esos hombres, que han sido dominados por la pesadilla seductora del comunismo y el ansia de poder. Pero desgraciadamente no hay otra opción más que plantar batalla, para defender nuestros principios, para defender la libertad del ser humano, y su valor, y la dignidad de cada hombre y mujer, que no dependen de nadie ni de nada, sino solo de Dios. Hay que luchar. Hasta el fin. Y Rusia, que nos ha partido el corazón, debe perder. Putin debe morir.

Publicado por Somnia

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