MBAPPÉ: dinero, mentira, traición y memoria

Mbappé, que llevaba años diciendo que su sueño era triunfar en el Real Madrid, ha rechazado a última hora la oferta del club blanco para quedarse en el PSG a cambio de una cantidad astronómica, hasta ahora no vista en el mundo del fútbol, y una serie de condiciones que ponen a su club de rodillas, como nunca antes lo había estado ningún club. Hasta ahora, solo habíamos visto otro caso parecido: el de Leo Messi con el Barcelona, y ya hemos visto cómo ha terminado. Pero no se engañen: Mbappé no es Leo Messi. Este fue, en su mejor momento, que duró varias temporadas, muchísimo mejor que Mbappé será jamás.

Ha ganado el dinero, supongo. El dinero que el PSG acumula de forma totalmente torcitera, proveniente de un país productor de petróleo, como es Catar, una teocracia musulmana que tiene el oro negro por castigo e ínfulas de una grandeza que nunca podrá alcanzar. Lo mismo le sucede, en cuanto a la grandeza, al club de fútbol. Y lo mismo le va a suceder al futbolista. Ha cambiado la gloria de vestir la camiseta del mejor club de la historia, con un presente tan épico y deslumbrante como su pasado, por una cuenta repleta de ceros. Y lo ha hecho de la peor manera: engañando a todo el mundo, jugando con ellos como peones de ajedrez, a los que se sacrifica sin compasión. Y no se confundan: el PSG también es un peón en su maquiavélico juego. En este caso, la teta de la que mamar hasta quedar saciado. Pero cuando llegue el momento, también los traicionará a ellos, y entonces no quedará nada en el solar el PSG, salvo la ruina y el despecho.

Ahora, el primer y principal traicionado ha sido el Real Madrid. El chico comentó en varias ocasiones que se quería ir del PSG, incluso también que su sueño era jugar en el Real Madrid. Lo filtró también a la prensa. Se dejó querer. Aprobó que el Madrid presentara, el verano pasado, una oferta mareante de casi 200 millones de euros por él, que el PSG no aceptó porque para ellos el dinero es solo un incómodo inconveniente. Incluso hace apenas quince días dejaba traslucir, a través de su madre (una verdadera Juno envidiosa y codiciosa), que ya había acuerdo total con el Real Madrid. Pero, después de meses, años incluso, dejando entrever que a final de temporada ficharía por el Real Madrid, y justo a una semana de la final de la Championjs que el Madrid debe jugar contra el Liverpool, quizás con el ánimo de hacer mayor y más dañina la burla, ha anunciado el pasado sábado que se queda en «el club de su ciudad», que debe significar para él algo tan arcano e incomprensible como, hasta hace poco, significaba lo de «club de sus sueños», refiriéndose al Madrid.

Siempre ha habido traiciones en los negocios. Esto es tan viejo como el mundo. Pero quizás algunos pensábamos todavía que el deporte, si bien en gran parte es un negocio, todavía guardaba algo de romanticismo, y en él se podían encontrar valores y principios de conducta que podían servir de ejemplo para los demás hombres. En definitiva, aún creíamos que era posible creer en la humanidad y en su valor moral gracias a la fuerza sentimental y a la carga de prestigio del deporte. Pero es todo mentira. Ya no queda nada. No hay lugar para el honor. No vale la pena creer en la palabra. Salvando quizás a algún deportista como Rafael Nadal, cuya conducta dentro y fuera de la pista de tenis sigue siendo ejemplar, consigo mismo, con el rival y con los aficionados, el deporte está tan podrido como la sociedad misma. Y si quedaba algún resquicio de fe, esto de Mbappé la ha matado. Yo no me atrevo a decirle a mi hijo que el deporte es algo que hace mejor a las personas, porque los deportistas profesionales son, como en el caso de Mbappé, ejemplares viperinos, individuos de mil disfraces, seres abyectos cuya alma está manchada hasta la más absoluta profundidad, sin redención posible.

No quiero que Mbappé fiche nunca por el Real Madrid. Nunca. Ni en cinco ni en diez años. No quiero ni que visite el estadio Santiago Bernabéu en su tiempo libre. Las puertas y los corazones de los madridistas estarán cerrados para siempre. Solo quiero verlo una vez en el Bernabéu: la temporada próxima, cuando machaquemos a su equipo de nuevos ricos en la Champions otra vez, porque espero que nos toque con ellos, que volvamos a enfrentarnos y que sienta nuestro odio y nuestro desprecio; y una parte de él se arrepienta de haber perdido la oportunidad de hacer ganado la gloria.

Algún día, todo el dinero que haya ganado ya no significará nada ni tendrá valor. Sí lo habría tenido, en cambio, los títulos logrados con el Real Madrid. Pero eso ya nunca pasará. Solo se contará en los libros de Historia que el Judas del siglo XXI tenía nombre impronunciable, nació en Bondy y que traicionó al Real Madrid con un beso tan falso como una moneda de madera, y ante las cámaras de todo el mundo.

El fútbol recuerda, Kylian. El fútbol recuerda.

Publicado por Somnia

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