¿Cómo se llega a la forma final de una novela?

Cuando leemos una novela después de adquirirla o que nos la presten, tenemos ante nosotros un producto que, en la mayor parte de las veces, ha pasado por una serie de cambios y revisiones. No solo las correcciones ortográficas, sino también por un sinfín de movimientos y reestructuraciones. O al menos así debería ser.

Ayer estaba revisando y corrigiendo mi novela, cosa que es mi principal ocupación literaria en los últimos meses. BALADA OSCURA está creciendo mucho, de atrás hacia delante, en una continua labor de perfección, de relectura, de modificación. Noté que había escrito dos capítulos muy extensos al principio, el quinto y el séptimo, cada uno con más de cuarenta páginas, pero que estaban, por así decirlo, mal contextuados. Es decir, la narración de los hechos resultaba anticlimática, mientras que si los cambiaba entre sí, todo cobraba sentido. El séptimo tenía que ir en la posición del quinto, y viceversa. Entremedias, lo más conveniente era tratar sobre personajes distintos, en una escena que fuera a la vez preparatoria y aliviadora.

Así que me tiré media tarde moviendo capítulos, renombrando, y releyendo. Sinceramente, creo que acerté. Sin embargo, de alguna todo ha cambiado. La sucesión temporal, pero también la visión de los propios personajes que el lector va a tener. Hasta el impacto de los actos de los antagonistas. Es otra novela diferente, ha ganado en audacia y en coherencia. Ha perdido en lirismo, y eso no me gusta, porque desde el principio me propuse, en contra del gusto de la época, que mi obra épica debía ser lírica en lo posible, ya que no me imagino una obra épica sin un lenguaje que suene extraño, grandilocuente, inapropiado incluso para nuestro siglo, pero que resuene en nuestra mente como un eco de edades antiguas y hombres mejores; una edad de oro o de plata que ahora sería impensable y que estaba poblada no solo de seres mágicos, sino también de lenguajes elevados.

¿Por qué es importante la estructura y el orden de los capítulos? Para crear expectativas y mantener la atención del lector, así como cimentar la coherencia narrativa de los hechos.

Sin embargo, estas labores son más áridas que la escritura, y gustan menos a los escritores. Además, convienen más cuando la obra está terminada, si bien no es tiempo perdido dedicarse a ellas cuando una parte importante ya ha recibido suficiente revisión como para considerarse casi definitiva. Este es mi caso. Ayer me olvidé de las nuevas líneas, y reorganicé las primeras 135 páginas de mi novela. Ahora están en su forma final, o eso creo. De modo que puedo considerar bien aprovechada la tarde.

Hoy me armaré de nuevo y saldré a la batalla. ¡Que las letras estén conmigo!

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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