Escritor novel: qué hacer cuando te quedas atascado

Amigo mío, compañero de trabajos y fatigas:

Yo ya he pasado por eso, créeme, y puedo decirte que todo terminará pronto, antes de lo que crees. El temido «bloqueo», el atasco, no es un problema literario o narrativo, en realidad; es un problema «vivencial». Los artistas, y los escritores lo somos, dependemos mucho de nuestras experiencias vitales; crear arte, belleza, sorpresa, emoción, sentimientos, mensajes, es algo que exige tanto de nuestra parte, una porción tan inmensa de nuestro ser, incluso de lo más recóndito e íntimo, que nuestra psicología se convierte en un motor que nos eleva o en un peso que nos hunde. Hay días y días; y no es sencillo «diferenciar», «separar» nuestra mente racional y más fría, calculadora, trabajadora, de nuestra mente emotiva, artesana, imaginativa. Cuando está se encuentra afectada de algún estado fuerte, o deprimida, es muy complicado seguir adelante. Las ideas mismas parecen no fluir en esos momentos. Sentimos nuestra capacidad de crear como un gel espeso que se atasca en nuestras venas, no como el torrente líquido y caliente de nuestra sangre, corriendo desbocada desde nuestro corazón que late con ritmo incansable.

¿Qué hacer? Reposar, descansar, olvidar el texto. Dejarlo apartado. Centrarse en vivir, en vivir hacia fuera, pero también hacia dentro. Cambiar de lugar un rato o un día. Cambiar de hábitos. Quizás simplemente relajarse y jugar. O encontrar a esa persona que nos hace reír. Beber un poco, comer bien, volver a recordar que se está vivo y se es humano. O acaso llorar hasta la extenuación y sacarlo todo. Pero vivir. Encontrar de nuevo la razón por la que escribimos. Nada más, y nada menos.

Todo regresará si debe regresar. Pero lleva siempre un lápiz en tu bolsillo y un trozo de papel, por si acaso regresa antes de tiempo.

Ten paciencia contigo mismo. Perdónate las caídas de vez en cuando. Y perdónalas a los demás. Conserva y medita todo en tu corazón, y escóndete de aquello que te dañe o que simplemente te agoste. Necesitas estar lleno por dentro para regalar a los demás el fruto de tu espíritu, que no es otro que tu literatura. Si te vacías demasiado, puede que tu problema no sea otro más que necesitas cerrar un grifo un tiempo, hasta que el manantial que te colmaba interiormente vuelva a hacerlo. Salvo que hayas olvidado cuál era ese manantial. Porque a lo mejor tu problema es que has olvidado quién eres, dónde estás y por qué haces lo que haces…

El escritor debe ser un hombre o una mujer de mucha vida interior. Si no la tienes, no encontrarás la inspiración, ni aquí ni en ningún lugar del mundo.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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