Nuevo extracto de BALADA OSCURA

Os dejo aquí, como regalito, apenas unos párrafos de un capítulo de Balada Oscura que he escrito hace poco.

Espero que os guste y que os apetezca más leerla.


<<—¿Por qué no nos lo dijiste? ¡Es algo deshonroso incluso para él! ¡Es execrable! Ároc debe morir. Es un pecado viviente. Y Amhesmu debe pagar por lo que hizo. No puedes seguir protegiéndolo.

—Hija…

—Maenah tiene razón —intervino Yous.

Otros la siguieron.

Pronto el Concilio se transformó en una turba pidiendo su ejecución.

Anup se hundía más en su asiento. La tristeza lo invadió. Una inmensa nostalgia se aposentó en su alma, y las estrellas brillaron un poco menos. La tormenta rodeaba lentamente el atrio del Palacio Intemporal. Todas las potencias del universo comenzaban a estremecerse ante la pena de Anup. En galaxias lejanas, planetas morían al paso en que la oscuridad invadía su corazón.

—Hija… —intentó defenderse Anup, pero ya no la veía a ella, sino a su pequeño, a su hijo querido, corriendo por el Campo de Juncos, persiguiendo a un cervatillo, con aquel arco diminuto que él le había regalado; y luego lo veía otra vez, riendo, subiéndose a sus rodillas, jugando, feliz… como siempre debió haber sido. Aquel niño que un día mostró tanto amor por las cosas que tenían vida y que quería comprenderlo todo, vivirlo todo, sentirlo todo, y que nunca se acostaba sin hacerle alguna pregunta y sin interesarse por todo lo que le causaba curiosidad. Aquel mismo niño que había sido dotado de todos los poderes que un hijo suyo podía tener, y que había de ser, al final de todas las cosas, su sucesor; porque incluso él, Anup, creador de todo, algún día tendría que marcharse, sin más, a ver el mundo desde fuera, ausentarse para siempre y permanecer silente y expectante en la zona eterna, allí donde reposan las almas de los justos, a quienes debía, sin duda, también la atención que se habían ganado con sus obras.

¡Sentía tanta nostalgia de aquel niño! Quería que regresara. Quería que volviera a ser quien había sido, y no el dios iracundo, dolido y triste en que se había convertido. ¿En qué momento lo había perdido? ¿En qué momento se había adentrado el odio en su alma y había consentido que se apartara de él, dejando que se fuera a regiones del espíritu donde la luz ya no alcanzaba, donde el amor era solo un recuerdo molesto, donde la alegría ya ni siquiera era pasado? Su hijo, su pequeño hijo, su niño adorado, su flor de desierto, su luz de amanecer, su predilecto, el primogénito de todos… Jamás había amado a nadie tanto como a él. Sin embargo, era a él a quien tenía más lejos ahora, y sería a él a quien perdería si Ároc moría. Pero ellos… ellos no entendían, quizás solo uno. El odio a Amhesmu los cegaba. Pero a este, a su vez, le cegaba el rencor contra su propio hijo. Tanto había llegado a temerlo y a odiarlo, que había olvidado que, si Ároc moría, él perdería para siempre su condición inalterable, inmortal y divina, porque una parte de la inmortalidad de Amhesmu había pasado a su hijo. ¡Oh sí, el pecado de Amhesmu era mucho mayor del que sus hermanos creían! Los demás Vivientes lo reprobaban por causa de los mortales. Pero Él, Anup, Creador de todo, sabía que había algo más horripilante. No era el amor de los mortales lo que le angustiaba hasta sangrar. No eran los crímenes de Amhesmu, que lo habían convertido en un demonio para los hombres. Eso podía perdonarse. Pero su degradación y su profanación habían alcanzado una cota que ni siquiera a un dios, al más poderoso después del propio Anup, le estaba permitido. Nadie podía perdonar tal atrocidad. No había lugar en el Inframundo para un mal tan espeluznante, ni siquiera para un hijo de Anup. Solo había un castigo proporcional a su pecado, y sin saberlo el mismo Amhesmu cabalgaba hacia él. Pero ellos no entendían, sus hermanos no entendían nada… ¿Qué debía hacer Él? ¿Debía detenerlo, ponerle cadenas, enviarlo al Yrramoë, y así hacer justicia a los mortales? ¿O debía permitirle que, como un ciego que corre hacia el abismo, se precipitase en él, aunque no pudiera ver su borde, y así hacer justicia al universo entero, y devolverle el orden, haciendo que se cumplieran las leyes sagradas que Él mismo le había otorgado? No quería hacer nada de aquello, y su voluntad era realidad en su mismo nacimiento.>>


Y si queréis verme y escucharme leer unas cuantas líneas de mi manuscrito, podéis hacerlo en mi canal de youtube:

https://youtube.com/shorts/B_2aKxBxF1k?feature=share

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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